domingo, 3 de noviembre de 2013
Obra de arte como la vida misma
Hace poco leí un artículo que me dejó fascinada. En él se hacía una exposición sobre la manera de ver la vida y cómo podríamos cambiar esa tesitura con tan solo poner en práctica un sencillo ejercicio del que ahora os hablaré.
¿Qué pasaría si ese taburete que miras con desdén desde tu cálido sofá fuese trasladado al ardiente desierto? O, ¿qué pasaría si observases ese mismo taburete dentro de un bosque?
¿Qué pasaría si un piano formase parte de un parque infantil?
Para los que hayan puesto en marcha de verdad su imaginación, seguramente estos objetos aparentemente sin valor estético en su "hábitat natural" habrán adquirido un valor mucho más significativo fuera del contexto al que estamos acostumbrados a verlos. De hecho, repararíamos mucho más en ellos ya no tanto como algo fuera de lugar, sino casi como una obra de arte. Eso es, una obra de arte.
Lo que se quiere demostrar con esto es que tan solo hace falta cambiar la perspectiva con la que se observa un objeto/situación para hacerla bella, bellísima, o tal vez interesante. No es sino el maravillarnos con sus formas, desemejantes con las del resto del escenario, lo que nos hace vivos.
¿Para qué sino para maravillarnos disfrutamos la vida?
Contemplemos las situaciones desde otro punto de vista. Cambiemos el escenario, y, por consiguiente, el actor se verá obligado a improvisar.
Victoria
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario