martes, 12 de noviembre de 2013

Esclavos del silencio. Protagonistas de sus preguntas.


El silencio se hizo dueño y señor del instante. Ahí, justo ahí, donde nuestras mentes gritaban y miles de argumentos, párrafos llenos de melancólica sinceridad, cruzaban danzando impidiendo a su paso los vanos intentos de nuestra razón por obtener tan solo uno que respondiera con todo lo que queríamos decirnos. Ambos sabíamos que, al otro lado de la pantalla y de los kilómetros que nos separaban, el otro escrutaba cada palabra escrita en aquella conversación, procesándola, buscando espacios entre sus lineas y lineas entre sus espacios. Buscando atisbos de esperanza. Buscando soluciones sobreentendidas y más que estudiadas.
De pronto el silencio es roto, y cómo no si no como se rompen los silencios que gobiernan los instantes importantes, los que con su presencia detienen el tiempo y lo hacen pesado, para que recaiga sobre ti y seas más consciente de todo cuanto te rodea.
Así pues, el silencio es roto con una pregunta. La reina, la que no se espera y de pronto aparece, la que todos temen o todos añoran, la que marca un antes y un después y reordena y borra todos esos argumentos danzantes que gritan en nuestras cabezas pero no se atreven a materializarse, a hacerse palabra. Después de ella surge el caos o viene la calma. En nuestro caso, la calma fue nuestro destino.
Nuestras almas agitadas se apaciguaron y un nuevo sentimiento acompañó una mentalidad renovadora. Él, como de costumbre, se lanza al vacío de la distancia y lo inmaterial para llenar de palabras de amor las pocas pulgadas de las que se componen nuestros teléfonos, ahora meros mensajeros de sílabas que parecen unirse para formar versos de una canción compuesta exclusivamente para mi.
Es dificil explicar como se siente una mujer cuando el chico al que tanto quiere parece enviar con cada párrafo un trozo de su corazón, expuesto y desnudo, palpitante y sincero ante una mirada atónita.
Así fue como, después de varios meses demostrándome su amor, supe verdaderamente cuan grande era éste.
Fuimos esclavos del silencio. Protagonistas de sus preguntas.

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